??? - Aquellos días entre aquellas cuatro paredes

Presión, agobio, eternidad, dolor, angustia…sufrimiento. Éste es un buen resumen de aquellos días, de aquellas horas, de aquellos segundos eternos que parecían no acabar nunca, entre aquellas cuatro blancas paredes.

Estar solo contigo mismo. Sentir tu olor, tu repulsión a ti. Ese odio que te va consumiendo por dentro. Ese horror. Que te persigue y te lleva a tu propio e más oscuro infierno.

Los fríos ojos de los médicos te observan con desprecio. “Cuéntame, ¿qué sientes? ¿Qué te empuja a hacerlo?” me interrogan mientras me escrutan con un asqueroso interés, “Podemos ayudarte. Sólo habla. Coopera.” ¿Y es que acaso no lo intento? El sudor recorre mi f rente, las mandíbulas me duelen de tanto apretar los dientes y un cálido líquido se cuela entre los dedos de mis puños fuertemente cerrados. ¿Acaso podéis poneros en mi pellejo? Sentir lo que yo siento. ¡Esta obsesión me está matando! Y no hay remedio para ello. Lo veo cada vez que miro en el vacío de vuestros ojos.

Pastillas, calmantes y más tratamientos. Los sonidos retumban en mi cabeza y el techo gira sobre mí. Y en lo más profundo bulle aquella idea. Mi obsesión.

Y luego estaba él. Aquel doctor. No dejaba de repetirme cuan hermoso era, cuan perfecto era mi cuerpo. Aléjate de mí, hijo de puta. No me toques… ¡basta! Oh, ¿pero de qué servían mis gritos en aquel lugar de locos donde tan fácilmente pasaban desapercibidos? Cuanto odié sus manos, sus labios…y sus ojos. Esos ojos que tanto me recordaban a “él” –él al que tanto odiaba, él al que tanto quería olvidar, él por quien estaba allí, él al que tanto… – y que no cesaban de estudiar viciosa lascivia. Sal de aquí… por favor, le supliqué mil veces, entre lágrimas.

Los días pasaban e yo allí, tumbado en aquella contrahecha cama. Sin fuerzas para más que respirar –o ni eso– mientras la presión de mi obsesión subía poco a poco por las venas, desde las yemas de mis dedos, como calambres.

¿Por qué me fui de aquí? Realmente… ¿aún debo responder a esto? Yo llevo el infierno conmigo. No necesito ir a ningún lugar a que me lo recuerden constantemente.